Con motivo de las Fiestas del
barrio, la Asociación de Vecinos de la Piedad ha editado un nuevo
número de su revista anual. Cuenta con numerosos artículos, poesías, oraciones y
una galería fotográfica del pasado. Sumario:
Saluda del Alcalde (Mariano Gallego Barrero).
Saluda de la Presidenta (Isabel Paredes).
Presentación.
Himno a la Virgen de la Piedad.
Poesía.
Piedad, Siempre Piedad; También con este Pregonero (Ángel Valadés).
Iglesias de puertas abiertas (Isabel Paredes).
Programa de Fiestas barrio "La Piedad".
Mes de Mayo. Mes de nuestra Sña. de la Piedad.
Ser Angeles (P. Cerrato).
Hace un año...
El Idioma Castellano.
Poesía a Nuestra Señora de la Piedad (Elena Banda Ruiz).
Hoy en día, cuando nos referimos a saeta, casi siempre están en nuestra imaginación las Saetas que se cantan en la Semana Santa. Este cante, que en su origen sería un rezo, una invocación en voz alta dirigida a la Virgen o a Jesús, esto es, una petición de auxilio o de alguna gracia, como cante ha llegado a transformarse de tal modo que lo que en principio fue una oración sin melodía se ha convertido en uno de los cantes andaluces más bellos y sensibles.
Al hablar de la Saeta se suele decir "transformación", y no "evolución", porque en efecto este cante se transformó de la noche a la mañana, cuando fue cantado con el estilo de la siguiriya o del martinete. Naturalmente que las Saetas son más bellas y gustan más cantadas de esta última forma, pero es que lo que ganan en hermosura lo pierden en sencillez y espontaneidad. Hoy en día difícilmente sale un humilde hombre o mujer del pueblo cantando Saetas al paso de las procesiones en plena calle. La Saeta se ha convertido en un cante de muy difícil ejecución, cante difícil de ejecutar por un aficionado.
Las letras de Saetas que conocemos evocan a un momento de la Pasión y Muerte de Nuestro Señor Jesucristo, del Dolor de la Virgen o bien de una de las Escenas. Hay otras que son puros y simples piropos a la virgen o al Señor. No sabemos desde cuando se empezó a cantar saetas ni cuando se cantan. Como los toros y el baile flamenco, su historia es fechable sólo a partir del último tercio del siglo XVIII, pero es lo más probable que existiesen antes. No creemos, con Máximo José Can, que la Saeta haya sido creación sin génesis de los judíos españoles, llamados popularmente "marranos".
Creemos, por motivos que no es el caso exponer aquí, que la Saeta es creación andaluza y cristiana. Y que la Saeta es, pues, la genuina voz de nuestra Semana Santa, con fases de crisis, con certísimas renovaciones, con algún renacimiento, la Saeta cumple de más la misión religiosa de renovar ampliamente la conciencia cristiano de la Pasión. El corpus de letras está por recoger. Cada año nacen saetas nuevas, son variaciones del mismo o de los mismos temas.
Hay, pues, muchas clases de Saetas, pero entre todas, sólo una es autónoma y presenta caracteres propios. Es la Casi perdida Saeta que cantaron El Niño Gloria, su hermana La Pompi, el genial Manuel Torre... La que cantan muy pocos, pero también cuenta con grandes maestros, como la que cantaba Antonio Mairena y hoy su hermano menor Manolo. La Saeta puede llegar al rango de consumada obra de arte, pero en su calidad de espontánea oración cantada ante una imagen que pasa procesionalmente. Esa calidad no es imprescindible, aunque constituye una excelencia.
Una Saeta mal cantada, o dicha con pobre voz pero sincero sentimiento nos conmueve también y cumple su misión saetera de herirnos el corazón con su dardo religioso. Una cuarteta o un quinteto romanceado es la estrofa que normalmente se utiliza en la Saeta, amén de muchas clases, desde las primitivas, ya perdidas, con entonaciones graves y monótonas del siglo XVIII, a las más modernas del último tercio del XIX, creadas al alargarse los tercios, que desde entonces se acomoda al ritmo de tambores y trompetas, incremento que le dan esplendor por las ricas tonalidades, no exentas de aire, en el caso de la siguiriya, el martinete o tonás, como las que canta Manuel Centeno, cantaor potente que parece ser que fue uno de los primeros creadores.
Al igual que en otros cantes, también encontramos en la Saeta estilos que se van a diferenciar, según pertenezcan a la escuela jerezana, más siguriyera, o a la sevillana, tal vez con más ecos de toná. Sin descartar a estos estilos, otras localidades saeteras poseen, y así se podría hablar de la Saeta de Málaga, la de Cádiz y sus Puertos, o la de los pueblos de la Sierra de Córdoba.
Como nos dice en su Obra Flamenca Ricardo Molina, la Saeta es la genuina voz de nuestra Semana Santa, naciendo cada año nuevas modalidades, a la par que infinidad de letras, todas alusivas a estos temas propios de la Semana Santa y al sentimiento religioso de nuestra gente, dándose el caso que siendo un cante sumamente difícil de interpretar, son numerosísimos los cantaores y cantaoras anónimos los que salen a la calle a implorar a su Dios y a su Virgen, interpretando Saetas con letras por ellos mismos realizadas o las de algunos de los buenos saeteros que el flamenco tiene o ha tenido, como el caso de Pinto, Enrique El Morcilla, Tomás Pavón, Gallego, La Niña de Los Peines, Rafael Romero, La Niña de La Alfalfa, La Paquera de Jerez, Jarrito, Manolo Caracol y tantos otros que han hecho Historia.
Con el nombre de insignias, atributos ó enseres se conoce indistintamente en el mundo cofrade a toda una serie de elementos distintivos de las hermandades. El término más adecuado desde el punto de vista etimológico es el de insignia ya que según la RAE sería el emblema distintivo de una corporación además de toda bandera, estandarte, imagen ó medalla de una institución religiosa. Así, utilizamos el término "Altar de Insignias" para definir al montaje ornamental en forma de capilla que hacen las hermandades con las insignias antes de la salida procesional.
Los otros términos son algo más imprecisos ya que, por ejemplo, el término atributo se utiliza más actualmente para definir los elementos identificativos que se colocan directamente sobre las imágenes tales como coronas, ráfagas, potencias, clavos, puñales, etc.; mientras el término enseres (siempre en plural, el singular no existe en la lengua castellana) se usa para definir a las herramientas propias de un oficio.
Los Altares de Insignias se encuentran decorados de forma armoniosa y simétrica, suelen tener como elemento central la Cruz de Guía, y al rededor de la misma se van poniendo los distintos elementos en varios niveles, aprovechando por lo común un altar de la iglesia. En ocasiones, hay hermandades que por el gran número de insignias que posee, o por lo reducido de los espacios a exponer, divide el altar en dos, (normalmente en esquina) ocupando dos altares correlativos en las iglesias. Por lo general, cada año se montan más o menos igual, pero a veces hay variaciones.
La Cofradía del Cristo de Medinaceli ha sido la única corporación dombenitense que ha montado un Altar de Insignias, algo digno de alabar. Esperemos que en Don Benito vaya cuajando esta tradición sevillana. Os dejo fotografías del montaje realizado, en años anteriores, por las hermandades de Santa Marta y la Macarena.
¿Que año se talló? ¿Cuándo fue la bendición? ¿1963, 1964, 1965, 1970, ...? Ustedes dirán que es tan fácil de responder como consultar la historia de la Hermandad de la Buena Muerte en un programa de Semana Santa, pero en realidad no es tan sencillo, pues los datos varían según la fuente de información.
Según la web de la Hermandad fue donada en febrero de 1.964, bendecida el día 10 de Abril de 1965 en el Quinario. En los programas de Semana Santa editados por la Junta de Cofradías afirman que la dolorosa fue donada en febrero de 1964. En el libro monográfico de Sebastián Santos se asegura que fue su penúltima dolorosa, tallada en 1970. Don Delfín Martín Recio aseguraba que fue adquirida en el otoño de 1964, llegó en febrero de 1965 y fue bendecida el 10 de abril del mismo año. La opción más fiable es la que aparece en el libro del Cincuentenario de la Cofradía:
Los señores Condes de Campo de Orellana, el Excelentísimo Sr. Don Miguel Granda Torres y su esposa, la Excelentísima Señora Doña Dolores Losada Lasso, deseosos de seguir la tradición protectora sobre la Cofradía que inició la Señora Condesa viuda fallecida, ofrecen la adquisición de una Imagen de Dolorosa digna de presidir la Cofradía junto con la magnífica talla del Cristo de la Buena Muerte. A finales del verano de 1964 concretan el ofrecimiento avisando a la Cofradía que en Sevilla han visto varias Imágenes talladas que son de su agrado.
Don Vicente Ruiz Sáenz, Hermano Mayor, acompañado por Don Delfín Martín, director espiritual de la Cofradía, emprenden a primeros de octubre un viaje a Sevilla.
La Señora Condesa, sevillana de nacimiento y de abolengo, hija del difunto Sr. Conde de Bagaes, enraizado desde siempre a la cofradía del Gran Poder, conoce palmo a palmo los detalles más intrincados de orfebres, bordadores, anticuarios y escultores religiosos. De taller en taller recogemos la impresión de esa faceta de arte y riqueza de las Cofradías sevillanas. Centramos finalmente nuestra visita a tres talleres en los que vemos imágenes de Dolorosas. Siendo la elección unánime, quedó comprometida su adquisición por la Señora Condesa una Imagen de Dolorosa realizada por las manos del imaginero sevillano Sebastián Santos.
En este viaje, aprovechando las gestiones de la Señora Condesa, adquirió la Cofradía para la Imagen, en el taller de bordados de la Viuda de Carrasquilla, saya blanca, manto de camarín en pana azul oscuro, y tocado de tul muy fino, para que, plegado con manos diestras, enmarquen el rostro y cubran el pecho. Se adquirió, igualmente del orfebre don Fernando Marmolejo Camargo, corona en metal plateado y dorado con oro fino e igualmente puñal del mismo material.
A primeros de febrero llegó a Don Benito la Imagen ya completamente vestida, traída con mil cuidados por la Señora Condesa en cuya casa-Palacio queda colocada, iniciándose un verdadero desfile de cofrades y personas piadosas que van admirando tan bella talla.
La Cofradía, representada por su Junta de Gobierno, visita a los señores condes para comunicarles el nombramiento de camarera Mayor de Honor a la Señora Condesa, expresándole las más vivas muestras de gratitud, y ofreciéndole, como recuerdo, el modesto obsequio de un alfiler de oro con el escudo de la Cofradía.
El Quinario comienza el 10 de abril de 1965 en cuyo primer día se bendice solemnemente la Imagen de la Santísima Virgen de los Dolores por Don Delfín Martín Recio. La Imagen de la Dolorosa se instala en el altar lateral derecho de la Iglesia de Santiago. Las obras de enfoscado de todo el interior de la Iglesia, llevadas a cabo a finales del otoño de 1965, obligan a trasladar la Imagen a la casa de la camarera señorita María Valdés Nicoláu.
En la parte superior podéis ver el curioso video que ha dado la vuelta al mundo cofrade, se trata del Cristo Resucitado de Alhama de Murcia bailando el tema de Michel Télo "Ai se eu te pego". Según la prensa, también sonó el "Waka Waka" de Shakira y el "Paquito chocolatero" de King África.
Se entiende que debe reinar un ambiente de alegría producida por la Resurrección de Cristo, pero no hasta tal extremo. Las Hermandades y Cofradías de Cristo Resucitado suelen incluir en su repertorio machas de ordinario, marchas alegres, pero nunca se debe olvidar el significado religioso de una Procesión y lo que representa la Imagen que la preside.
Pueden y deben sonar marchas alegres, pero siempre con carácter religioso, y dejarse de protagonismos y experimentos indecorosos. ¿Cómo lo ven ustedes? por suerte esto no ocurre en Don Benito, pero en mi opinión esto es la misma falta de respeto que tener mal vestida una Imagen, y eso sí pasa en nuestra ciudad.